Cambios comerciales y problemas en cosechas afectan a empresarios estadounidenses

Cambios comerciales y problemas en cosechas afectan a empresarios estadounidenses

El combustible, el transporte marítimo y el café evidencian una tensión que impacta en diversos ámbitos de la economía de Estados Unidos. Para numerosas compañías, el desafío actual no se limita únicamente al precio de sus suministros, sino a la capacidad de prever los acontecimientos de los próximos meses.

Para Jeff Vojta, director general de Dilworth Coffee, una empresa con sede en Raleigh, Carolina del Norte, los últimos años han estado marcados por una sucesión de dificultades que han complicado cada vez más la planificación de su negocio. Primero fueron los problemas asociados con las cosechas de café y el incremento de los precios internacionales. Después llegaron los cambios comerciales y, más recientemente, las alteraciones en los mercados energéticos y las rutas marítimas.

El resultado es un escenario en el que tomar decisiones con varios meses de anticipación se ha vuelto mucho más complicado. La compañía, que durante años pudo establecer sus fuentes de abastecimiento con entre 12 y 24 meses de margen, ahora trabaja con horizontes mucho más cortos.

Vojta no resulta ser el único empresario que relata este escenario. Organizaciones de diversos sectores productivos sufren incrementos en sus gastos de energía, materias primas y transporte, al tiempo que procuran no transferir por completo dichos incrementos hacia unos compradores que asimismo padecen los estragos de la inflación.

Una red de distribución bajo presión constante

Los inconvenientes actuales obedecen a múltiples factores. Tratándose del café, el rendimiento de las cosechas en naciones productoras del estilo de Brasil y Vietnam ha provocado inquietud en torno a la accesibilidad y el costo de ciertas variedades de grano. A lo anterior se aúna el encarecimiento de los abonos, los fletes y las operaciones logísticas.

El ámbito marítimo también afronta complicaciones. Las modificaciones sufridas en ciertas travesías comerciales han forzado a ciertas empresas navieras a alterar sus itinerarios con el fin de eludir áreas catalogadas como peligrosas. Al verse obligados los buques a optar por trayectos más extensos, se incrementan tanto la duración de los trayectos como el gasto de carburante y los gastos vinculados a cada transporte.

Ryan Petersen, director ejecutivo de Flexport, una empresa especializada en tecnología logística, ha descrito el momento como uno de los más complicados de su trayectoria profesional. Según su evaluación, las desviaciones de las rutas marítimas han reducido la capacidad efectiva del transporte internacional y han añadido nuevas fuentes de incertidumbre para las empresas.

A estos problemas se suman los fenómenos meteorológicos. Las interrupciones provocadas por tormentas y tifones pueden afectar temporalmente algunos de los principales puertos comerciales del mundo y generar retrasos que terminan repercutiendo en otros puntos de la cadena.

Cuando diferentes dificultades aparecen al mismo tiempo, el efecto acumulado puede ser considerable. Una empresa no solo paga más por transportar una mercancía: también debe esperar más tiempo, mantener mayores niveles de inventario o buscar proveedores alternativos.

Para los negocios de menor tamaño, semejantes alternativas suelen resultar particularmente costosas de sufragar.

El carburante pasa a ser otra fuente de presión

El precio de la energía ocupa un lugar central en este escenario porque prácticamente todos los sectores dependen de ella. El transporte por carretera, la navegación marítima, la producción industrial y la distribución necesitan combustible, por lo que cualquier incremento sostenido puede terminar reflejándose en el precio de numerosos productos y servicios.

La situación se complica todavía más en los escenarios donde las organizaciones ignoran la duración exacta de dicho incremento. Ante un repunte pasajero, una firma podría optar por asumir parte del impacto financiero. No obstante, si la tendencia persiste a lo largo de los meses, conservar las tarifas vigentes terminará erosionando de manera drástica los márgenes de ganancia.

Para las empresas que operan con artículos importados, la dificultad llega a magnificarse. Un cargamento puede sufrir alzas en sus costos de fabricación, afrontar después un traslado más costoso y terminar por arribar a un mercado en el cual el intermediario igualmente se ve obligado a absorber mayores desembolsos.

Vojta señala que esta inestabilidad ha obligado a Dilworth Coffee a destinar mayores esfuerzos a la planificación y al estudio de posibles escenarios. La compañía debe examinar con mayor asiduidad el panorama del mercado previo a asumir compromisos de adquisiciones venideras.

La dificultad no termina en los costos. También existe un problema de demanda. Los consumidores estadounidenses enfrentan sus propias presiones económicas y pueden mostrarse menos dispuestos a aceptar nuevos incrementos en los precios.

Esto coloca a numerosas compañías ante un dilema complejo: asumir las subidas sacrificando sus beneficios o repercutirlas en el consumidor final con el peligro de mermar la facturación.

Un contexto distinto al vivido durante la pandemia

Ciertos directivos han equiparado los desafíos presentes con las incidencias sufridas en los tiempos del covid-19. A pesar de esto, se aprecian disparidades notables entre ambos escenarios.

Durante el año 2020, buena parte de las transacciones comerciales globales sufrió una parálisis notable. La escasez de mercancías y los retrasos masivos vinieron motivados por el cierre de plantas de producción, las medidas de contención sanitaria y la saturación en los recintos portuarios. En puntuales coyunturas, los barcos pasaron semanas enteras a la espera de poder atracar o zarpar de los puertos.

El escenario actual presenta una dinámica diferente. La infraestructura comercial continúa funcionando, pero lo hace con interrupciones recurrentes y costos más elevados.

Para Sean Brownlee, director ejecutivo de Ravenox, una empresa estadounidense dedicada a fabricar cuerdas, cordones y correas, la principal dificultad está precisamente en esa falta de estabilidad. Las condiciones pueden mejorar durante un periodo breve y deteriorarse nuevamente poco después.

Esa volatilidad dificulta establecer presupuestos, calcular inventarios y negociar contratos a largo plazo.

Brownlee indica que las compañías de menor tamaño habitualmente absorben el aumento de los gastos todo el tiempo que pueden. No obstante, se alcanza un momento en el cual dicha táctica deja de ser viable.

El ejecutivo, que antes acumuló una prolongada trayectoria dentro del Cuerpo de Infantes de Marina de Estados Unidos, se había propuesto fundar una empresa manufacturera capaz de impulsar el empleo en el país. Hoy en día, uno de sus retos más significativos radica en preservar dicha actividad en medio de un escenario donde los gastos se tornan cada vez más impredecibles.

El café aporta otra perspectiva al problema

La situación de Dilworth Coffee permite observar cómo las alteraciones globales terminan llegando a negocios que, a primera vista, parecen alejados de los conflictos internacionales o de las grandes rutas comerciales.

El café depende de una extensa cadena que arranca en las regiones agrícolas donde se cultivan los granos, y sigue con su respectivo procesamiento, traslado, conservación y comercialización. Cualquier modificación relevante en cualquiera de dichos eslabones tiene la capacidad de alterar la tarifa final.

Las condiciones climáticas representan además un riesgo difícil de controlar. Fenómenos como El Niño pueden alterar los patrones meteorológicos en regiones productoras y generar dudas sobre las cosechas futuras.

Para Vojta, esto significa trabajar con un nivel de incertidumbre mucho mayor que en años anteriores. La empresa debe evaluar constantemente las condiciones del mercado y ajustar sus decisiones de compra.

Los cambios en el volumen de ventas también son una señal de esa inestabilidad. En circunstancias normales, las variaciones mensuales de la compañía suelen mantenerse dentro de un rango relativamente reducido. Actualmente, las oscilaciones son considerablemente mayores, lo que dificulta calcular cuánto producto será necesario y cuánto inventario puede mantenerse.

Además, guardar café por lapsos prolongados demanda tanto recursos como espacio. Cuando los gastos de traslado suben y los márgenes caen, conservar voluminosos inventarios deja de ser una alternativa viable.

La incertidumbre se convierte en el principal desafío empresarial

Más allá del coste específico del café, el diésel o un transporte marítimo, los directivos coinciden en señalar un contratiempo generalizado: la complejidad de prever los acontecimientos futuros.

La planificación empresarial depende de cierta estabilidad. Las compañías necesitan estimar cuánto costarán sus materias primas, cuánto tardarán en llegar y qué cantidad podrán vender. Cuando esas variables cambian constantemente, incluso una empresa con experiencia puede tener problemas para tomar decisiones.

En este contexto, la incertidumbre puede convertirse en un costo por sí misma. Obliga a realizar más análisis, buscar proveedores alternativos, modificar contratos y mantener recursos disponibles para responder a cambios inesperados.

Asimismo, esto es capaz de influir en las inversiones. Una empresa que desconoce el precio que pagará por trasladar sus mercancías en medio año tal vez adopte una postura prudente antes de incrementar su infraestructura o adquirir compromisos a largo plazo.

El desafío para empresas como Dilworth Coffee y Ravenox consiste, por tanto, en encontrar un equilibrio entre mantener precios competitivos y proteger sus operaciones.

Las tensiones geopolíticas, la climatología y la coyuntura del mercado energético escapan al control de cualquier directivo individual. Pese a ello, sus repercusiones acaban alcanzando a los negocios y a los clientes finales por medio de una red de intercambios cada vez más globalizada.

Por eso, incluso si alguna de las actuales fuentes de presión desaparece, otras pueden permanecer. El final de una interrupción concreta no necesariamente significa el regreso inmediato a las condiciones anteriores.

Para los empresarios estadounidenses, la prioridad parece ser recuperar algo que en los últimos años se ha vuelto escaso: la capacidad de prever los costos y planificar con suficiente anticipación. En un mercado donde los precios, las rutas comerciales y las condiciones climáticas pueden cambiar rápidamente, esa previsibilidad se ha convertido en uno de los recursos más importantes para mantener un negocio en funcionamiento.

Por Juan Carlos López Herrera